¿Qué es un archivo en formato RAW?

Un archivo en formato RAW, sea cual sea su origen, es un “contenedor” de datos sin procesar, haciendo una traducción literal, es un formato de datos “en crudo”, que no se han interpretado, procesado, cribado, manipulado o comprimido (o, en caso de haberse comprimido, el proceso se ha realizado sin pérdida alguna de información).

Los archivos en formato RAW más populares son, precisamente, los que más nos interesan a los fotógrafos, aquellos generados y grabados por muchas de nuestras cámaras fotográficas digitales. Y digo grabados por un motivo en concreto: Todas las cámaras digitales, de una forma u otra, captan la imagen en modo RAW pero no todas nos ofrecen la posibilidad de poder grabar esa información en la tarjeta de memoria. Es una opción que ofrecen todas las cámaras réflex y buena parte de los modelos de categorías intermedias pero que no suele estar disponible en el segmento de las compactas más básicas (aunque, por ejemplo, ya hay móviles que ofrecen esta opción, como el Nokia Lumia 1020).

Un RAW, en fotografía, es una relación ordenada de números agrupados en un archivo informático de imagen que no se ha sometido a procesado de ningún tipo y cuya preparación o interpretación tendremos que realizar con la ayuda de algún programa de “revelado digital”. El RAW es un formato nativo propio de cada fabricante de cámaras digitales e incluso, a su vez, de cada modelo específico de cámara y, por lo tanto, su lectura y procesado depende de la intervención de programas específicos que sean capaces de leer dicha información. A veces puede suceder que los archivos RAW de nuevos modelos de cámaras digitales no puedan ser procesados con los programas de edición más habituales, (Lightroom, Capture One, etcétera) hasta que los ingenieros informáticos no hayan diseñado las actualizaciones correspondientes; aunque siempre podremos utilizar los programas que suministran los propios fabricantes y que suelen hacen un trabajo excelente, realmente son los que mejor conocen la arquitectura de sus propios archivos.

Un RAW, al ser “simplemente” un contenedor de la información original no es un archivo de imagen definitivo, ni que pueda ser impreso directamente en una impresora doméstica o en una laboratorio profesional, o que pueda publicarse en Internet para su visualización en cualquier galería o página web. Para eso deberemos procesarlo y convertirlo primero a un archivo de imagen universal como puedan ser TIFF o JPEG, por mencionar los más comunes utilizados por los fotógrafos.

Ventajas del formato RAW

Sin ánimo de ser fundamentalista, para mí, disparar en RAW tiene todas las ventajas posibles, enumeraré las principales:

  1. RANGO DINÁMICO DISPONIBLE. Los archivos RAW registran todo el rango dinámico que el sensor de nuestra cámara es capaz de obtener cuando la exposición es correcta, y el mayor rango dinámico posible cuando la exposición no ha sido acertada. Esto no sucede cuando disparamos directamente en JPG, por tener estos archivos un número de niveles muy inferior (256 niveles de rojo, verde y azul para los 8 bits de un JPEG, frente a los 4096 niveles de un RAW de 12 bits, o los 16384 de un RAW de 14bits).
  2. CORRECCIÓN EXHAUSTIVA. Precisamente por lo comentado anteriormente, un mayor número de niveles disponibles significa que reduciremos la aparición de efectos no deseados en nuestras imágenes como la “posterización” y aumenta la flexibilidad a la hora de editar de nuestras fotografías, siendo nosotros quienes decidiremos el aspecto definitivo de las mismas, pudiendo aplicar correcciones o ajustes más exhaustivos de los que podríamos hacer directamente sobre un JPEG.
  3. AJUSTE DE LA EXPOSICIÓN. Esta es la posibilidad más jugosa que se nos presenta cuando trabajamos en RAW. Aunque siempre tendremos que buscar la exposición más correcta o adecuada a nuestros intereses según la finalidad de las fotografía o las circunstancias, los archivos en formato RAW nos permiten, con límites, rescatar luces altas o levantar zonas de sombra, sin una merma drástica en la calidad de nuestra fotografía.
  4. BALANCE DE BLANCOS PRECISO. Los ajustes del “balance de blancos” suelen ser un quebradero de cabeza para todo fotógrafo digital principiante y también genera múltiples, y a veces acaloradas, discusiones entre fotógrafos expertos. En otro capítulo de este curso haré un análisis detallado sobre este parámetro pero, hasta entonces, debes saber que si te equivocas a la hora de hacer tu fotografía puedes corregir el “balance de blancos” con tu software de edición de RAW favorito. En JPEG esa corrección, aunque posible hasta cierto nivel, no es tan precisa ni nos permite mantener la calidad del archivo final.
  5. CONTROL DE LA NITIDEZ. Aunque para algunos esto no es una ventaja como veremos después, los archivos en formato RAW no han “sufrido” un proceso de “enfoque” automatizado dejándonos la posibilidad de decir que grado de nitidez queremos para nuestra imagen y de que manera la aplicamos. Algunas cámaras aplican por defecto a sus JPEG parámetros de nitidez bastante agresivos y eso no se puede corregir en Photoshop.Formato RAW, Ventajas
  6. ORIGINAL INTACTO. Un archivo RAW no se puede sobreescribir, cuando realizamos ajustes en un RAW realmente estamos creando una serie de instrucciones que serán aplicadas cuando exportemos la fotografía en formato TIFF o JPEG, eso nos garantiza conservar siempre el archivo original y nos permite restaurar el original cuando queramos y crear diferentes versiones de nuestra fotografía sin la necesidad de tener que guardar una copia para cada una de ellas.
  7. FLUJO DE TRABAJO RÁPIDO. Cuando trabajamos con programas como Lightroom o Capture One el flujo de trabajo se optimiza considerablemente, agilizando el proceso de edición de lotes completos de fotografías, algo que no se puede hacer de manera tan fluida e intuitiva utilizando Photoshop. Aunque desde Lightroom o Capture One se pueden editar archivos JPEG no son las herramientas más adecuadas para hacerlo; para aprovechar al máximo la potencia de estos software tendremos que disparar en RAW.
  8. ESPACIO DE COLOR ÓPTIMO. El formato RAW contiene datos de color dentro del espacio más amplio posible, será durante la edición cuando podremos decidir sobre que espacio es el más adecuado a nuestros intereses y flujo de trabajo.
  9. BLANCO Y NEGRO DE CALIDAD. Si quieres obtener versiones en blanco y negro de tus fotografías es necesario disparar en RAW para garantizarnos el mejor punto de partida a la hora de obtener una copia excepcional y de calidad. Como sabes, en la fotografía digital, disparar en JPEG utilizando el “efecto” de blanco y negro de tu cámara es un método muy alejado del ideal. Debemos partir del color y que mejor que hacerlo desde el RAW.

Leyendas sobre el formato RAW

  1. NEGATIVO DIGITAL. Aunque el formato RAW es considerado como un “negativo digital” y, por lo tanto, como el archivo original de cualquier versión de una imagen no puede tomarse en cuenta como garantía absoluta para demostrar la autoría de una fotografía, o como prueba de no haberla manipulado digitalmente. Existen programas que permiten modificar los datos EXIF contenidos en un RAW y se ha demostrado que es posible crear un RAW a partir de un JPEG o TIFF con algunos conocimientos informáticos, Guillermo Luijk lo demuestra.
  2. ARCHIVO DE IMAGEN. El RAW no es un archivo de imagen, es un contenedor de datos, como hemos visto al principio un archivo RAW sin un editor que lo reconozca y pueda procesar es “inservible”.
  3. CADUCIDAD DE LOS ARCHIVOS RAW Y  FORMATO DNG. Aunque actualmente es un debate que ha ido bajando de intensidad durante los últimos tiempos, en su momento, se propagó la idea que los archivos RAW al ser nativos de los fabricantes de cámaras dejarían de ser útiles al cabo de los años, cuando los fabricantes dejasen de dar soporte a los modelos descatalogados y/o las futuras actualizaciones de programas como Lightroom dejasen de incluir en sus librerías los RAWs de las cámaras más antiguas. Si bien, esta inquietud puede tener su lógica, el estado tecnológico actual, el del desarrollo informático y las corrientes Open Source y las filosofías de pensamiento comunitario hacen que esta posibilidad sea bastante remota. El punto álgido de este temor ha coincidido con los momentos en los que Adobe más se ha esforzado en promocionar las bondades de su DNG como “negativo digital” abierto y universal.

Errores y problemas comunes al usar el formato RAW

  1. DESCUIDAR LA EXPOSICIÓN. Sabemos que el formato RAW nos permite ajustar la exposición durante el proceso de post-producción pero eso no significa que podamos obtener información donde no existe. Si sobreexponemos de tal manera que un alto porcentaje de las altas luces esté quemado, no habrá posibilidad alguna de recuperar nada; si sub exponemos nuestra foto La información que aparentemente recuperamos cuando ajustamos la exposición siempre ha estado ahí pero, en cambio, se perdió en el proceso de conversión a JPG que realizó la cámara. Una exposición correcta es el primer paso para asegurarnos la mejor de las imágenes y la preocupación por ella nos hace mejores fotógrafos.
  2. DESCUIDAR, COMO NORMA, EL BALANCE DE BLANCOS. No hay diferencia, ni merma de calidad, entre aplicar un “balance de blancos” personalizado en la cámara o ajustar la misma temperatura de color en tu editor de RAW, la misma parte de razón pueden tener quienes afirman que es mejor ajustar el balance en la cámara y quienes aseguran que hacer esto es una pérdida de tiempo. Realmente, el equilibrio está en el término medio y debemos llegar a un compromiso para mejorar nuestra eficacia y ahorrar tiempo en post-producción, por ejemplo (simplificando el proceso), si tengo que fotografiar una colección de bolsos ni se me pasaría por la cabeza usar el modo automático, ya que necesito ser preciso desde el mismo momento de la toma y no puedo permitirme confiar en mi memoria fotográfica, en cambio en otras circunstancias sé que puedo confiar en el “balance de blancos” automático que, dentro de sus limitaciones insalvables, intentará hacer el mejor trabajo posible.
  3. DESCUIDAR LA TÉCNICA FOTOGRÁFICA EN CONJUNTO. Un RAW es un lienzo repleto de oportunidades y posibilidades pero no es bueno delegar plenamente en ellas para dejar a un lado la técnica y la pericia fotográficas. Ser observadores y cuidadosos con los detalles y con el proceso fotográfico en su conjunto es lo que nos hará mejorar y progresar, confiar en que podremos corregir o mejorar cualquier error delante del ordenador nos convierte en editores, en vez de en fotógrafos. No sé que opinas pero yo prefiero pasar mi tiempo colocando con mimo los filtros delante del objetivo, asentando bien la cámara sobre el trípode y preocupándome por buscar la mejor hora y la mejor exposición para fotografiar un paisaje que intentando imitar todo eso delante del ordenador. No quiero decir que esas fotos no necesiten procesado pero siempre será mucho más rápido y más satisfactorio.
  4. DECEPCIÓN CON LOS RESULTADOS. Cuando estamos aprendiendo a manejar nuestra cámara y nos animamos a usar el RAW por primera vez fascinados por todas las bondades que hemos leído sobre este formato nos podemos llevar un buen disgusto. Importamos la colección de imágenes y vemos que las fotos no son maravillosas, carecen de vivos colores y parece que hasta les faltan nitidez, brillo y contraste, una birria vaya. Aquí es donde entras tú, tienes delante la materia prima pero ahora te toca pulirla. Si comparas un JPG directo de cámara con un RAW convertido a JPG sin ningún ajuste verás que el primero gana por goleada, la cámara ha realizado todo el trabajo por nosotros pero eso no es lo que queremos, ¿verdad? Disparar en RAW no es garantía de que nuestras fotos sean automáticamente mejores.
  5. COMPLEJIDAD DEL PROCESADO. He notado, entre algunos de mis alumnos, que el acercamiento que hacen a este formato es demasiado cauteloso, piensan que no serán capaces de sacar una buena copia de un archivo RAW, que es dificultoso, que requiere mucho tiempo y experiencia o que es un formato sólo apto para profesionales. No es cierto. Todo tiene su curva de aprendizaje, pero con ajustes muy ligeros, que apenas pueden llevarnos treinta segundos, podemos conseguir unos resultados sensacionales y satisfactorios. Y lo mejor de todo es que esos ajustes se pueden guardar y son reproducibles muy fácilmente para todo un lote o colección de imágenes.

    Foto superior, RAW exportado a JPEG sin editar. Foto inferior ajustes rápidos de balance de blancos, contraste, altas luces, sombras y negros.
  6. TAMAÑO Y GESTIÓN DE LOS ARCHIVOS. El peso de un RAW puede llegar a cuadruplicar al de un JPEG, eso es cierto pero, hoy en día, la capacidad de las tarjetas de memoria y de los discos duros no es tan crítica como podría serlo hace cinco o seis años apenas. Podemos hacernos con tarjetas de alta capacidad a un precio contenido. La gestión informática de los archivos RAW no es, en principio, tan inmediata como la de los JPEG pero una vez acostumbrados a trabajar con Lightroom u otro software equivalente el proceso resulta ser muy simple y eficiente.

¿Disparar en RAW o en JPEG?

Esta duda la hemos tenido muchos, cuando comenzamos en la fotografía digital. Es una pregunta recurrente entre los que aprenden y hay opiniones para todos los gustos.

Creo que no te deberías plantear esta cuestión en términos de blanco o negro. Hay fotógrafos que consideran que un profesional debe disparar siempre en RAW aunque sólo sea como ejercicio de responsabilidad y para minimizar pequeños errores que puedan cometerse, y otros que un verdadero profesional debe disparar en JPEG y evitar el “seguro de vida” del RAW, esto poco menos es como decir que uno no es profesional si utiliza el autofoco de la cámara.

Mi experiencia es la siguiente, cuando hago un trabajo profesional, siempre disparo en RAW, aunque me preocupo lo suficiente durante la toma de imágenes para tener que tocarlos lo menos posible, me quedo más tranquilo, especialmente si tengo en cuenta que no me puedo fiar de la previsualización del JPEG de la cámara ni del histograma que la misma muestra, y que genera siempre a partir del JPEG. Cuando hago fotos por placer, recuerdos, etcétera, no me importa disparar exclusivamente en JPEG y, si te soy sincero, me gustaría poder hacerlo más pero los JPEGs que genera mi cámara distan mucho de mi ideal de archivo concluido.

Sea cual sea tu estilo y la finalidad de tus fotos, no dudes en acercarte al RAW, si todavía no lo has probado, cuanto antes lo descubras más pronto comenzarás agilizar el proceso de edición y a conseguir resultados sorprendentes dedicando unos pocos segundos. Cuando tengas un encargo, quieras imprimir la mejor copia posible, o visites algún sitio realmente especial o irrepetible, el RAW de dará un extra de confianza. Es más fácil de lo que parece.


Este artículo pertenece a nuestra colección: “Curso de fotografía gratis. La fotografía digital a tu alcance”

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