La libertad era esto.

Descubrí el trabajo de Alberto García-Alix cuando tenía catorce años pero no fue hasta un lustro después cuando realmente fui consciente de la verdadera dimensión de este fotógrafo, de este personaje ―sí, personaje, pero en la acepción más literal y distinguida del término, la que excluye a la chusma catódica, gritona, hortera, inculta o política que puebla nuestra castigada geografía―. Volviendo al descubrimiento, la manera de acercarme por primera vez a García-Alix fue curioso, o a mí me lo pareció, sus fotos ilustraban uno de los capítulos de una enciclopedia sobre sexualidad, dirigida por la doctora Elena Ochoa, donde otros temas se completaban con fotografías de Alberto Schommer, Jan Saudek, Helmut Newton o Robert Mapplethorpe, entre otros. Apenas recuerdo la enciclopedia pero sí el impacto que tuvieron aquellas imágenes para mí con las que aprendí a ver los desnudos en fotografía de otra manera, muy alejada a la concepción que puede tener un adolescente sobre la sexualidad y el erotismo. En aquel instante García-Alix me enganchó para siempre aunque, como comenté anteriormente, todavía tardé un tiempo en conocer todas sus aristas, historias, sombras, luces, en conocer la profunda carga emocional de sus retratos y autorretratos, y la exquisita técnica que hay detrás.

Nada de lo que pueda escribir sobre este fotógrafo superará lo ya escrito en otros medios, no voy a descubrir yo ahora al Premio Nacional de Fotografía 1999, así que sólo puedo apelar a las emociones, a las más personales y viscerales. Volver a repasar cada poco tiempo las potentes imágenes de García-Alix es una necesidad latente que me arrastra a un universo tan vital, aunque te parezca imposible por la crudeza de alguna de sus imágenes, donde no me queda más remedio que plantearme, por enésima vez, mi relación con la fotografía.

Sé que no le hago ningún favor al fotógrafo diciendo de él que “es un gran maestro”, está tan sobada la frase, y se aplica a tantas cosas que no merecen tal distinción, que quien no lo conozca puede echar a correr inmediatamente. Desgraciadamente no se me ocurre nada mejor que decir. Ver sus fotos, me sacude tanto como vivir “En la carretera” de Kerouac, o como recordar los días en los que uno tenía un concepto de la libertad y la vida tan salvaje y luminoso que todavía alcanzo a oler su aroma.

En los tiempos de las hueras exhibiciones, de belleza y estatus sociales, nos hará bien recurrir a los autorretratos, auténticos, de García-Alix. A mí, por lo menos, me reconcilian con el mundo.

Te dejo con la galería, sólo seis autorretratos. No tardes en buscar sus demás obras.

Alberto-Garcia-Alix_Autorretrato-en-moto
Autorretrato en moto. Alberto García-Alix. Nota: Alumnos de fotografía, atentos a la composición y la confluencia de las líneas de fuga con el rostro del fotógrafo.
Alberto Garcia-Alix_2
Alberto García-Alix.
Alberto-García-Alix-01
Alberto García-Alix.
Alberto-Garcia-Alix1
Alberto García-Alix.
Alberto-García-Alix-03
Alberto García-Alix.
Autorretrato con chaleco
Alberto García-Alix.

 

FUENTE Alberto García-Alix
Isra
Fotógrafo profesional desde 2005, comencé a estudiar fotografía a los 19 años, estropeándome la ropa con revelador y discutiendo sobre la belleza del grano de la TRI-X 400. En el tránsito hacia la fotografía digital mantuve la costumbre de observar mucho y disparar lo necesario. He desarrollado mi trabajo en diferentes especialidades reportaje, estudio, interiorismo, producto, industrial, visitas virtuales...