Larry Burrows
Larry Burrows (1926-1971), retrato de Roger Mattingly

El fotógrafo que sacudió conciencias.

Miraba sus fotos siempre que necesitaba un estímulo vital poderoso. Miraba sus fotos cada vez que revelaba mis negativos y la hoja de contactos sólo me enseñaba unas sosas escenas, tan lejanas como distantes. Miraba sus fotos siempre que la ginebra de las noches de viernes ardía en mis venas y me envalentonaba el corazón para, volver a casa, deseando ser un gran “fotógrafo de guerra”. Miraba sus fotos para intentar comprender cuanta miseria y cuanta humanidad pueden acontecer en el mismo instante. Miraba sus fotos para obligarme a recordar lo que era para mí la fotografía. Miro sus fotos para no olvidarme nunca de cual es el oficio más bello, conmovedor, poético y reflexivo del mundo. Y esas fotos, en realidad recortes de revistas de fotografía extranjeras y fotocopias de fotocopias pegadas en un cuaderno, constituyen mi tesoro fotográfico más respetado.

Nunca seré Larry Burrows pero gracias a él —y a todos cuantos apasionadamente se han dedicado a la narrativa gráfica bélica—,  jamás renunciaré a mantener latente el sueño de ser uno de estos hombres. Idealizo, sí. Mistifico, es muy probable. Pero me sentiré cómodo con ello hasta el día en el que pueda averiguar, en mi cuerpo y mente, que se siente, que duele y que rincones del alma se quedan vacíos. Y apuesto que también después.

El oficio de los valientes

La guerra de Vietnam fue aquella que, por activa oposición ciudadana, generó múltiples movimientos sociales y contraculturales, de hondo calado, sin los cuales no podrían entenderse el último tercio del siglo XX, ni la actual sociedad estadounidenses. Fue la primera guerra retransmitida y radiada en directo, y de la que más fotografías existen; una vorágine de protestas, muertos, imágenes y noticias donde el trabajo de la prensa llegó a sistematizarse, los medios enviaban reporteros cuyo reemplazo se producía cada dos o tres meses para evitar que los periodistas estuviesen demasiado tiempo expuestos al horror que salpicaba diariamente sus rostros. Y era normalmente el propio Pentágono quien se encargaba directamente de entregar los pases de prensa a los fotógrafos que, en su mayoría, acudían como freelances bajo su propia responsabilidad, sólo con un billete de ida y un puñado de dolares enrollados cuidadosamente dentro las carcasas de, ya revelados, rollos de película.

Larry Burrows—Time & Life Pictures/Getty Images
Larry Burrows—Time & Life Pictures/Getty Images

Como uno de los líderes de aquella manada de valientes hombres, y mujeres ―recordaré a Catherine Leroy―, surge la importante y respetada figura de Burrows. Trabajador de Life desde los dieciséis años, donde comenzó como técnico de laboratorio fotográfico, creció viendo pasar bajo su cuentahílos las impresionantes imágenes de Robert Capa o del que él consideraba como su maestro: Henri Cartier-Bresson. Experiencia vital que, sin duda, cinceló su talento, y su capacidad para conseguir imágenes tan transcendentes y conmovedoras como dramáticas e incomodas. Unas fotografías que nos abofetean, afligen, enternecen y manchan nuestras conciencias de barro e impotencia.

Color, vista y ojo

De los primeros fotógrafos en pasarse a la fotografía en color, antes de su popularización masiva, el sentido compositivo y la armonía colorimétrica de Burrows son apabullantes. Innovador, introdujo encuadres y puntos de vista nunca aplicados anteriormente en la fotografía de conflictos, además de atreverse a manejar el color que, por aquel entonces, todavía no era una herramienta de uso habitual y que muchos fotógrafos desdeñaban por ser incapaces de interpretar visualmente.

Era capaz de diseñar sus propios soportes para colgar las Leicas y Nikons fuera de las cabinas de los helicópteros para, a continuación, solicitar a los mandos del Viet Cong ―sí, Burrows fotografió libre el conflicto desde los dos bandos―  la retirada de las puertas de los helicópteros con el objetivo de conseguir imágenes más impactantes. Su reconocible estilo sirvió como referencia estética indiscutible a directores de cine como Coppola o Malick en cuyas películas sobre Vietnam pueden reconocerse los encuadres y la característica paleta de color de Larry Burrows.

Yankee Papa 13, Da Nang, Vietnam, 31 de Marzo, 1965.
Yankee Papa 13, Da Nang, Vietnam, 31 de Marzo, 1965. Larry Burrows—Time & Life Pictures/Getty Images

Aunque crecí con la fotografía en color, y tengo que hacer un esfuerzo para recordar cuando se revelaban en los estudios muchas más fotografías en blanco y negro, admiro la capacidad de Burrows para dominar el color, y las decisiones relativas a su procesado. Un maestro que lo prefirió sobre el blanco y negro para cubrir sus instantáneas de una pátina gruesa de realidad ―si acaso existe la veracidad en la fotografía― a la que la sociedad ni la prensa de entonces estaban todavía acostumbradas y que fue uno de los detonantes del despertar de la conciencia civil en contra de aquella guerra. Es paradójico que una de sus fotografías más recordadas, y que le concedió la notoriedad debida, estaba hecha en blanco y negro.

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Portada de Life con su fotografía más famosa. Yankee Papa 13, Da Nang, Vietnam, 31 de Marzo, 1965. Larry Burrows—Time & Life Pictures/Getty Images

Soñé durante mucho tiempo con que alguien me concediese la capacidad de Larry Burrows para la composición y la cercanía, esa facultad pasmosa de estar ahí, donde saltan las chispas, siempre me fascinará y, si te fijas, es el elemento diferenciador más potente de este fotógrafo. Ese ojo fotográfico que muchos coincidimos en que nos agarra por el cuello y nos arrastra dentro de la escena hasta el punto de inyectarnos el olor de la hierba alta, el sabor oxidado de los cuajarones de sangre, el quejido agotado de los heridos o el ruido incesante de las turbinas de los helicópteros.

Viet Cong herido durante la operación Pegaso
Viet Cong herido durante la operación Pegaso. Larry Burrows—Time & Life Pictures/Getty Images

Algunos compañeros de profesión atribuían, con cierta maledicencia, la temeridad de Burrows a problemas de vista que lo obligarían a acercarse excesivamente para poder desempeñar su trabajo. Si eso es cierto, bendita falta de agudeza visual, que no le impidió tener un excelente ojo fotográfico, tan bienvenida como la supuesta miopía de los impresionistas franceses. Ningún mérito que restar, el valor no habita en los sentidos.

Hasta el final

Nacido en Londres, su implicación en la guerra era imparcial, desapasionada y sentimental al mismo tiempo, cada vez que era preguntado al respecto él siempre contestaba que “esta no es mi guerra”. Esa circunstancia permitió que sus fotografías huyesen de la épica de la batalla, de la glorificación de uno de los bandos, para convertirse en retratos emocionales que denunciaban la sinrazón de la guerra y buscaban la compasión del espectador, trasladarle el sufrimiento desde la cercanía de los rostros derrotados, cansados, confundidos y en tensión. ¿Por qué nos estamos haciendo esto? ¿Qué hacemos aquí? Parece interpelarnos Burrows sin pausa.

Larry Burrows—Time & Life Pictures/Getty Images
Larry Burrows—Time & Life Pictures/Getty Images
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Larry Burrows—Time & Life Pictures/Getty Images

Los reporteros Keisaburo Shimamoto, Kent Potter, Henri Huet y Larry Burrows fallecieron el 10 de febrero de 1971 cuando el helicóptero en el que viajaban fue abatido sobre la frontera sur de Laos por la artillería Norvietnamita. Los editores de Life llevaban años temiendo que Burrows muriese sobre el terreno, acribillado o que fuese secuestrado por el Viet Cong, por eso habían intentado retirarlo de Vietnam ofreciéndole la realización de reportajes sociales en Europa que aceptó ocasionalmente para regresar, de nuevo, a la batalla. Si nunca puede hablarse de zonas seguras en una guerra, probablemente estos hombres fallecieron en unos de los pocos momentos donde podían encontrarse más despreocupados.

Marines estadounidenses socorren a compañeros heridos, octubre de 1966. Larry Burrows para Life, fotografía nunca publicada en la revista.
Marines estadounidenses socorren a compañeros heridos, octubre de 1966. Larry Burrows para Life, fotografía nunca publicada en la revista.

La agencia Reuters distribuyó hace pocos días una nota deontológica entre sus colaboradores en la que solicita a sus fotógrafos independientes el envío de imágenes directamente en JPEG, que no procedan de archivos RAW editados, todo en favor de la ética del periodismo gráfico y de la necesidad de trabajar de manera inmediata. Reuters añade que la edición deberá realizarse directamente sobre el JPEG y tendrá que ser mínima “(recorte, corrección de niveles y poco más)”. Seguro que a algunos el recorte o reencuadre les resulta ya un ejercicio de edición no demasiado ético. En estos últimos meses donde la polémica sobre el retoque digital en la fotografía periodística ha sido muy comentada, Reuters sobrepone la información a la interpretación artística, muchos se echarán las manos a la cabeza con esta decisión. Hoy vuelvo a mirar las fotos de Burrows, cuya única edición es la de dar las pertinentes instrucciones al técnico de laboratorio, y se me caen las lágrimas con la contundencia del mensaje, y su capacidad sobrecogedora para hacerme mascar la derrota humana. Miro sus fotos, y sin haber probado ginebra, quiero hacer lo que él.

¿Existe algún pacifista más ferviente que un fotógrafo de conflictos?

 

FUENTE TIME - LIFE Fotografías
Isra
Fotógrafo profesional desde 2005, comencé a estudiar fotografía a los 19 años, estropeándome la ropa con revelador y discutiendo sobre la belleza del grano de la TRI-X 400. En el tránsito hacia la fotografía digital mantuve la costumbre de observar mucho y disparar lo necesario. He desarrollado mi trabajo en diferentes especialidades reportaje, estudio, interiorismo, producto, industrial, visitas virtuales...
  • Jota Barros

    Magnífica entrada, Isra. La comparto.

    Jota (rubixephoto.com)

    • Revela2 Estudio

      Gracias por la visita Jota. Encantado de tenerte por aquí.