Fotografía y deja fotografiar, pseudofilosofía y reflexiones.

Hablar de cuestiones éticas en fotografía, o en cualquier otro campo, siempre es complicado. Podemos querer dar lecciones de moral sin ser los mejores ejemplos, todos tenemos nuestros pecados o manías, si preferimos llamarlo así, o, quizá peor, haber caído en la tentación de la política y hacer por detrás lo contrario de lo que decimos por delante. Así que no voy a dar ninguna clase de moral, ni lo pretendo, cada uno que opine lo que quiera, faltaría más, que haga caso a su propia conciencia y, si le apetece, que lea o relea a Bertrand Russell o a Sartre, que siempre son un buen referente.

Algunos lectores, a cuyo círculo pertenezco, entenderán el motivo de este artículo, los demás amigos lo comprenderéis enseguida. Estos días, parte de la comunidad fotográfica, localizada en un ámbito concreto, está revolucionada con el caso de un fotógrafo del que se han conocido ciertas conversaciones con modelos en las cuales el trato que se da a las mismas puede considerarse, siendo muy generosos, como “poco respetuoso”, tanto hacia ellas, como hacia otros fotógrafos del entorno próximo. Una especie de imitación a la española, al nivel aproximado de un Lacoste de mercadillo, de Terry Richardson. Imitación en el tema, en el estilo, en la verborrea diarreica, y en las pasiones generadas a favor y en contra. La vergüenza ajena y el sonrojo de los que hemos recibido esta información es más que notoria.

Este es el ejemplo, no sé si típico, del fotógrafo que no sabe gestionar el éxito, de una persona que en un par de años, con la ayuda de contactos muy bien relacionados y haciendo un gran trabajo de visibilidad pública (todo hay que reconocerlo), pega un bombazo de fama internaútica espectacular, no diré yo si acompañado también de un petardazo de calidad, y siempre rociando con garrafas de alcohol de quemar la llama de la polémica, publicando declaraciones grandilocuentes y llenas de exabruptos y desprecio contra todo lo que no sea él mismo. Probablemente, el pecado más grande de esta persona, sin olvidarnos en ningún momento del trato supuestamente vejatorio a las modelos, fue el de no controlar el subidón de ego y adrenalina súbitos, creerse mejor que profesionales con más méritos y virtudes objetivas que él y, sobre todo, meterse abiertamente con los fotógrafos del ámbito más próximo, de manera indirecta, o a veces no tanto, a través de las redes sociales o poniendo directamente a las modelos en contra de cualquier profesional o aficionado con tácticas y “chantajes” tan infantiloides que no merece la pena ni comentar.

Se veía venir hace tiempo la caída del castillo de naipes, había ya mucha gente abriendo las ventanas para que entrase la corriente y eso no se debe a envidias o celos sino a que uno no puede esperar aplausos y alabanzas cuando minusvaloras la categoría de los demás, proclamas tu “derecho de pernada”, y no haces otra cosa que meter el dedo en ojo ajeno, sin ni siquiera haber tenido la “cortesía” de limpiártelo primero, para acabar rematando la faena escupiendo sobre tus posibles clientes potenciales.

“Las actitudes de unos pocos, que se consideran hijos bastardos de Eric Kroll, perjudican la imagen de todos.”

Este país que nos ha tocado vivir, —lo deben dar la tierra o los vientos—, es prolífico en esperpentos de este calibre, en enemistades cainitas y en preferir joder a alguien, antes que en emplear ese mismo, y agotador, esfuerzo en progresar por nosotros mismos, por nuestros méritos y contribuciones personales. La fotografía, como profesión, y el fotógrafo, como profesional, tienen en España una consideración por parte del público general muy baja, percepción que ayudamos a fomentar directamente cada vez que nos arrojamos las paladas de guano unos encima de otros. No nos merecemos, como colectivo, el respeto de los posibles clientes, modelos, o empresas si nosotros no lo sabemos infundir. Este es un tema que da para mucho pero deberíamos empezar respetando unas normas básicas de convivencia entre fotógrafos (aficionados o profesionales) y entre fotógrafos y modelos.  Unas normas tan básicas, tan de sentido común, sabidas y contadas mil veces que a muchos nos sigue sorprendiendo que no se cumplan. Podría enumerar unas cuantas y seguro que tú podrías añadir las tuyas (puedes dejarlas en un comentario, si quieres) pero todo se puede resumir en una sola palabra: Respeto. Por la fotografía, por los compañeros que viven de ella, por los aficionados de todos los niveles, por los estudiantes que están empezando y por los modelos que posan para nosotros.

No se trata de intentar no destacar, de dejar que nuestro ego se diluya, de mojigatería, o de hacer lo “políticamente correcto”, ni siquiera de decir lo que los demás quieren escuchar, males también, que afectan a una sociedad cada vez más atontada, ridícula y boba. Se trata de saber cual es nuestro lugar y de respetar el de los demás, de ejercer si se quiere la crítica, sí, pero con consideración, y de manejarnos en la vida proporcionando un trato digno y adecuado a todo el que nos rodea. Una modelo, sea cual sea el tema o el tipo de fotografía para la cual se le ha contratado, no necesita escuchar según que tipo de indicaciones, de reproches o de cariños. Lo único que demuestra eso es la inseguridad del fotógrafo y una intencionalidad aviesa, que puede interpretarse que va más lejos del mero acuerdo fotográfico.

Aunque, afortunadamente, somos mayoría quienes opinamos de manera similar, estas actitudes de unos pocos, que creen tener derecho a todo, por considerarse hijos bastardos de Eric Kroll, en algunos casos, o tocados directamente por el espíritu de Richard Avedon, en otros, perjudican la imagen de todos cuantos tenemos que ver con este arte, especialmente en un país donde esta profesión no es que disfrute, precisamente, de un prestigio consolidado.

 

Fotografía de portada: John Curley

Isra
Fotógrafo profesional desde 2005, comencé a estudiar fotografía a los 19 años, estropeándome la ropa con revelador y discutiendo sobre la belleza del grano de la TRI-X 400. En el tránsito hacia la fotografía digital mantuve la costumbre de observar mucho y disparar lo necesario. He desarrollado mi trabajo en diferentes especialidades reportaje, estudio, interiorismo, producto, industrial, visitas virtuales...
  • José Luis Marrero Medina

    ¡cómo me suena toda esta historia!, aunque por fortuna estoy fuera de círculos, grupos o mercados para evitar exponerme demasiado (estrategia personal o cobardía), pero… creo que el problema es de fondo, muy de fondo… Educación y respeto. Yo disfruto mucho haciendo fotos, cuando además me pagan por ello, disfruto más si cabe. En sesiones muy íntimas busco estar cómodo yo y sobre todo ver cómodo a quien posa y eso pasa, aunque sea modelo profesional, por marcar distancias y sobre todo no traspasar los límites del sentido común. Normalmente propongo que se acompañe en estas sesiones de alguien muy de confianza sobre todo en el caso de chicas para que sean quien les atienda en el plató, biombos, albornoz y toda clase de refugios son imprescindibles y necesarios, venimos a hacer un trabajo profesional, ¿no?. Y respecto a hablar de los colegas, el tono de la crítica la transforma de constructiva a destructiva, si te preguntan responde y si quieres opinar, sé consecuente.