Motivos para no regalar tu trabajo como fotógrafo.

Seguro que ya estáis al tanto de la nueva polémica que acompaña al anuncio de navidad de este año, a pesar de que muchos lo han encumbrado como el mejor anuncio de lotería de navidad de la historia, como en ocasiones anteriores, las redes sociales echan humo y alimentan el fuego. Algunos dicen que el mensaje es irreal, otros que fomenta la compra del dichoso número no aludiendo a un posible beneficio, o ilusión, sino al señalamiento como parias de los que no quieren o pueden participar, algunas personas han encontrado faltas de ortografía en la carta del menú —nada, por otra parte, que no veamos con cierta asiduidad en los menús de muchos bares de España—, pero lo que realmente nos interesa a nosotros, como fotógrafos, o personas relacionadas con el mundo audiovisual, es la que parece ser la polémica estrella de este año que no es otra que la que surge a raíz del reproche realizado por Jon Díez Domínguez, director de fotografía, a la agencia de producción publicitaria Leo Burnett, después de no haber sido contratado por la citada productora para la producción final del anuncio, a pesar de haber trabajado de forma gratuita en la fase de pre-producción y rodaje de la maqueta del mismo. ¿Te suena la historia de algo?

Este hecho, que de haber sido “denunciado” para cualquier otro spot o producción de menor expectación pública no habría tenido la menor repercusión, se ha propagado rápidamente y está siendo abordado desde diferentes prismas, intereses y niveles varios de mala leche e ironía. Esta “viralización” del asunto no hace más que poner en debate público una práctica que, si bien no está generalizada afortunadamente, suele ser moneda de cambio ciertamente habitual. No hace falta trabajar para grandes productoras audiovisuales para vivir situaciones parecidas, somos muchos los que alguna vez hemos realizado algún trabajo sin cobrar a cambio de vagas promesas de trabajos futuros o visibilidad, no hablo del intercambio entre fotógrafos, modelos y maquilladores (tema aparte), hablo de acuerdos profesionales entre fotógrafos y empresas, con capacidad y recursos económicos suficientes, que se aprovechan de nuestras ganas de trabajar, de demostrar lo que valemos y quizá de un punto de desesperación, para engatusarnos con venideros trabajos remunerados o una gran publicidad si accedemos a realizar un primer esfuerzo (a veces más de uno) gratis o a precio de coste.

La experiencia propia, y la de algunos amigos de profesión, me dicen que la mayoría de las empresas para las que trabajas gratis se buscan a otro corderito fotógrafo en cuanto, en las siguientes ocasiones, les envías un presupuesto  a precio de mercado, y que la repercusión publicitaria es tan baja (a no ser que fotografíes a alguna de las Kardashian) que en cualquier escuela de marketing nos habrían dado un glorioso suspenso por no haber considerado debidamente el coste del trabajo realizado y el retorno económico.

Admito, sin excusas, haber cometido este error en varias ocasiones, ver como otros fotógrafos lo han cometido, y haber sufrido todos lo que se conoce médicamente como el síndrome del “rictus gilipollensis” después de que nuestros presupuestos sean rechazados tras haber trabajado por “amor al arte”. ¿Culpa mía? Desde luego. Soy un converso, y ahora, cuando me piden opinión, aconsejo no trabajar gratis, igual que un fontanero no nos regala la primera reparación en casa, con la promesa de que le llamaremos para las siguientes, nosotros no deberíamos regalar nuestro trabajo por la posibilidad supuesta de futuros contratos o beneficios publicitarios. Quizá estés pensando que el ejemplo es demagógico, o incluso cínico, que la fotografía es un arte y que las relaciones mercantiles son diferentes a las que rigen al resto de profesiones, puede que tengas razón pero reflexiona sobre ello si en alguna ocasión tienes la sensación de haber trabajado mucho y no haber recibido nada, si no has parado durante todo el mes y con dificultad alcanzas a pagar la cuota de autónomo o si, cuando has intentado cobrar o ajustar un precio a la tarifa de mercado, han pasado de ti.

No hay nada malo en el trabajo gratis pero sí en nuestra disposición a que algunos se aprovechen del mismo con la mera intención de tener un fotógrafo gratis y no un fotógrafo de confianza.  Sólo deberíamos trabajar, sin percibir una compensación económica, cuando de verdad es un proyecto interesante, cuando formamos parte activa de su creación, desarrollo y ejecución, y no sólo cuando somos el peón intercambiable que cubre la necesidad puntual de una empresa.

Si te interesa conocer la historia de Jon Domínguez con más detalle, puedes echar un vistazo al blog que ha abierto en el que expone su punto de vista sobre la polémica del anuncio de la lotería.  También es necesario saber cuales son los argumentos y alegaciones de la agencia Leo Burnett, la otra parte implicada, para que podáis formar vuestra opinión con todos los datos disponibles.

¿Cuál es tu experiencia? Trabajo gratis, ¿sí, no?

Isra
Fotógrafo profesional desde 2005, comencé a estudiar fotografía a los 19 años, estropeándome la ropa con revelador y discutiendo sobre la belleza del grano de la TRI-X 400. En el tránsito hacia la fotografía digital mantuve la costumbre de observar mucho y disparar lo necesario. He desarrollado mi trabajo en diferentes especialidades reportaje, estudio, interiorismo, producto, industrial, visitas virtuales...